BIFAR 140

[42] Hasta siempre, maestro no ejecutivo, desempeñando el cargo con el magisterio que le caracterizaba. César fue siempre un ardoroso defensor del modelo español de farmacia, a pesar de ser el referente institucional de una empresa no cooperativa. Sus valores técnicos y humanos le hicieron ser uno de los presidentes más respetados, apreciado por sus competidores, defendiendo su posición siempre desde la lealtad. Son por todos conocidos sus artículos en los que se detallaba su visión realista y estratégica del sector. Ha sido para Alliance un referente y un estabilizador en los momentos más duros, tanto en sus apariciones públicas, como en las privadas. Nuestra relación siempre fue estrecha tanto en lo profesional como en lo personal, cristalizando en una sincera amistad. Recuerdo que, en su época de articulista de Bifar, antes de enviar los artículos para la edición, nos los enviábamos, para comentar con sentido crítico la opinión de forma bidireccional. La enfermedad le marcó desde 2007. Una enfermedad limitante y lacerante de la que no se quejaba. Otra de sus virtudes, su carácter estoico. Todos sabíamos lo mal que lo pasaba, pero actuaba en las conversaciones con su elegancia natural. Muchos años de ingresos, procesos febriles, privaciones… esperando la llamada para una difícil solución que pasaba por un trasplante de hígado. Guardo en mi móvil su último mensaje del 16 de noviembre a las 22:01 “Atención, posible trasplante esta noche. Ahora no puedo hablar” [sic]. Una decisión muy valiente siendo conocedor del reto que suponía su intervención. César profesional, Cesar presidente no ejecutivo, Cesar amigo… una gran persona y un gran profesional. César era ese hombre con quien se podía discutir o coincidir, pero que nos dejaba siempre una impresión de fraternal amistad, de merecida autoridad y de esa nobleza natural cada día más difícil de encontrar en el mundo. Irreemplazable amigo, con él se van muchas vivencias de muchos años, que solo con él serían recordadas. Habrá muchos que te echarán en falta. Yo uno de ellos, desde luego. Hasta siempre, maestro. César era ese hombre con quien se podía discutir o coincidir, pero que nos dejaba siempre una impresión de fraternal amistad, de merecida autoridad y de esa nobleza natural cada día más difícil de encontrar en el mundo ealizar una semblanza sobre César Martínez Recari es una tarea fácil y a la vez difícil. Es fácil para alguien como yo, que he podido observar de primera mano durante ocho o nueve lustros las cualidades de este farmacéutico ejemplar. Es difícil si queremos detallar al César humano, profesional, desde el punto de vista del cúmulo de virtudes que le adornaban: rigor, generosidad, nobleza, elegancia, saber estar, compromiso, señorío, amistad… Nuestra relación se remonta a los tiempos de la Universidad de Navarra, en la que él, unos años mayor que yo, preparaba como meritorio su tesina en el departamento de Análisis Químico. Impartía las prácticas a los alumnos de tercero de farmacia, entre los que me encontraba yo. En aquellos momentos, ya llamaba la atención el rigor de sus explicaciones sobre la marcha analítica de cationes y el análisis químico cuantitativo. También, en aquellos tiempos, nos veíamos en la travesía de Bayona. César era entonces un asiduo del Molino y de Letyana, donde solía ir con José Mari Roch, compañero suyo que impartía las prácticas de microbiología. Cuando acabé la carrera y me hice cargo de la farmacia familiar del Coso Bajo de Zaragoza, nos volvimos a cruzar en el camino. El director gerente de SAFA, José María Pérez, le había contratado unos años antes como director técnico. El rigor de nuestro amigo volvía a aparecer. Todavía recuerdo como en su despacho de Gómez Laguna, me formaba con el manejo del terminal MSI y el lector de microfichas, avances tecnológicos de moda entonces. Hablábamos de las diferencias de los ordenadores de cinta o con disquetes llamados floppys. Aún no existían los discos duros. Entonces, yo todavía registraba las ventas en una registradora National de bronce de principios de siglo, una joya, todavía la conservo… Además del rigor, otra de sus virtudes era la generosidad en todos aquellos puestos para los que fue requerido. Colaboró estrechamente conmigo en la comisión de sanidad de la Cámara de Comercio y en el Clúster de Salud Arahealth. En su época de secretario del COFZ fue mi interlocutor con AFEZ. Durante muchos años fue vocal de distribución. Siempre estuvo comprometido con la vida de la profesión farmacéutica. César tuvo un antes y un después. La enfermedad le marcó en el año 2007. Un carcinoma y sus secuelas le acompañaron desde entonces, limitando su capacidad. Tuvo que dejar la dirección técnica en aquellos momentos tan decisivos de la historia de SAFA, cuando ésta fue comprada por Alliance, convirtiéndose en el germen de lo que hoy es Alliance Healthcare. César es historia de lo que fue aquella Sociedad Anónima Farmacéutica Aragonesa SAFA. A pesar de su enfermedad, su valía no pasó desapercibida para los nuevos propietarios. Hasta el día de su fallecimiento, fue presidente F. Javier Ruiz Poza Presidente de la Asociación de Farmacéuticos de Zaragoza OPINIÓN

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