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boticarios desde el Bajo Aragón hasta el Pirineo. Sin duda, es el botánico aragonés más ilustre de todos los tiempos”, destacó Catalán. Una mirada al pasado y al futuro En representación del Consejo de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de Aragón participaron en el acto las presidentas de los Colegios de Teruel y Zaragoza, María José Villafranca y Raquel García Fuentes, respectivamente, así como el tesorero del Colegio de Huesca, Alberto Altemir. Para Villafranca, “este libro contribuye a preservar una parte fundamental del patrimonio profesional de todos los farmacéuticos y eso es algo que debemos agradecer”. Clausuró el acto la presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza, quien subrayó el valor de la convivencia intergeneracional dentro de muchas de estas farmacias: “Las historias recogidas en este libro nos enseñan que la combinación entre la experiencia de quienes comenzaron en contextos muy distintos al actual y la energía innovadora de las nuevas generaciones ha sido clave para la evolución de la profesión”. “Este libro —concluyó García Fuentes— nos invita a mirar hacia el pasado con respeto y gratitud, y hacia el futuro con esperanza. Conocer nuestra historia nos ayuda a comprender quiénes somos como colectivo profesional y qué papel queremos seguir desempeñando en la sociedad”. ■ 22 BIFAR Este libro nos contiene, está lleno de nosotros, farmacéuticos del siglo XXI, algunos también lo fuimos del XX, pero de lo que está más pleno, es de colegiados del profuso siglo XX. También hay bastantes del siglo XIX. Y si se observa con detenimiento, los hay del siglo XVIII (sangre de mi sangre, yendo lejos). Sí, del XVIII. Parece lejano, a lo mejor no lo es tanto si pensamos que fue en el siglo en el que vivió por 88, noticiosos entonces, años Feijoo… pensemos con calma, Benito Jerónimo, el escritor; que redactó líneas como las que siguen: “Así yo, ciudadano libre de la República Literaria, ni esclavo de Aristóteles, ni aliado de sus enemigos, escucharé siempre con preferencia a toda autoridad privada lo que me dictaren la experiencia y la razón”. ¿Nos suena esta última frase?, ¿no es de manera unívoca lo que nosotros hemos hecho, hacemos y haremos en nuestro quehacer diario? Lo que nos dicta la experiencia y la razón. Hágase según arte… El grupo motor, nosotros cuatro, solo hemos agavillado el esfuerzo de todos vosotros. Nada menos que 40 estirpes, no principales, mas sí valiosas. Cuando nos reuníamos el grupo motor, pensaba, soy el único de los cuatro que no tengo descendencia farmacéutica, por no tener, no tengo ni descendencia (no lo digo por hablar de mí, nada importa) sino para señalar el motivo por el que también se ha hecho este libro. Honrar a nuestros ancestros. A nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, tataratatara abuelos (en mi caso, seis generaciones, dicen que 126 antepasados al menos, cabrían en un tranvía y en esta sala, no imaginemos la escena, sigue sin importar, voto a Cristo). ¿Y por qué honrar a nuestros ancestros? Leamos. “Cuando honramos a nuestros ancestros, este reconocimiento no solo impacta nuestra vida, sino también la de quienes vienen después. Es como si, al mirar con respeto hacia atrás, liberáramos algo en nuestro sistema familiar que permite que el flujo de la vida avance con mayor claridad hacia las generaciones siguientes”. O como nos decía hace unas líneas el padre Feijoo (por cierto, sus padres eran amantes de las tertulias, recordemos que todavía no podían ser de rebotica), lo que nos dicta la experiencia y la razón. La experiencia de construir este libro no se puede resumir en esta plática, pero sí calificar de… incalificable. En cambio, la razón es tan variada que lo dicho ahora mismo solo es una raíz variopinta más de lo que es un árbol de los pastores, que es el que se desarrolla en el sur de África, originario del desierto del Kalahari, y que su raíz llega a alcanzar 70 metros, o lo que es lo mismo, una profundidad de 230 pies. 230, hace 230 años, calculemos con experiencia y razón, estábamos en el XVIII, el siglo en el que aparecieron los primeros farmacéuticos en Aragón. No por generación espontánea, no en vano siguen ramificándose y dentro de otros 230 años, verbigracia, en el 2255, algo nos dice que puede que sigan haciendo lo que bien saben, la sociedad requiere y el paciente necesita. Hágase según arte… No diremos más, que no soy muy largo en entendederas, terminemos con las mismas palabras con que lo hacen los miembros de la Academia de Farmacia “Reino de Aragón” sus parlamentos, diciendo: He dicho. ■ TRIBUNA ✍ Pedro Bosqued Hágase según arte Coordinador del libro “Estirpes Farmacéuticas de Aragón”

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